MIGRANTES EN EL MAULE Y EL DOLOROSO CAMINO DE LA DISCRIMINACIÓN

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Poco a poco, los maulinos se han ido acostumbrando a compartir espacios con extranjeros que han llegado a estas tierras atraídos por la esperanza de encontrar una mejor vida y también a aportar a la sociedad.

“Nos vienen a quitar los trabajos”, comentó airada una vendedora de frutas en Talca, respecto a los inmigrantes, opinión que no suele escucharse con frecuencia, tal vez porque se van superando las suspicacias y prejuicios en localidades no acostumbradas a recibir demasiados extranjeros.

Las ciudades maulinas, alejadas de puertos y aeropuertos, compartían con miembros de algunas colonias extranjeras, principalmente de España y países del Medio Oriente. Por años las únicas personas de raza negra que se paseaban por la Uno Sur eran jugadores de básquetbol del Club Español, procedentes de Estados Unidos.

“La inmigración ha experimentado un notable crecimiento en la región, en particular en las provincias de Talca y Curicó, que albergan a un 55 por ciento y 30 por ciento de los migrantes en el Maule, respectivamente”, precisó la Seremi del Trabajo, Elia Piedras.

Quienes se instalan en la región del Maule lo hacen atraídos por la oportunidad de vivir en condiciones de seguridad y la posibilidad de encontrar trabajo, “algo que los chilenos no siempre valoramos”, acotó la Seremi.

Hasta hace poco más de un año, los colombianos eran el mayor número de inmigrantes, pero ahora son los haitianos -que por lo general vienen a ejercer como operarios u obreros-, seguidos de venezolanos, la mayoría de ellos profesionales.

Abelen Abrizo y Luc Jude Julien son haitianos y desde hace unos meses trabajan en una panadería. Ambos descartan haber sido discriminados y aseguran que tienen contrato, pero se quejan de ganar poco.

Lo mismo Osselito Asse, quien afirman que lo han tratado bien, consiguió trabajo en una mueblería, pero “quiero que mi esposa empiece a trabajar en algo porque no me alcanza la plata para pagar arriendo, comida y los otros gastos de la casa”.

Como en muchos otros casos, el mayor impedimento es el idioma y la discriminación que sufren por parte de algunas personas.

Desde el punto de la igualdad ante la Ley, la Doctora en Derecho y académica de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Talca, Fabiola Vergara, dijo que está asegurada por la Constitución Política de la República, que prohíbe también las discriminaciones arbitrarias, es decir, carentes de justificación, y lo mismo consagra el Código del Trabajo.

“Sin embargo, los trabajadores extranjeros, en el hecho, sí son discriminados, cuestión que se evidencia tras el análisis de los datos estadísticos. Estos informan que hay un sector importante de extranjeros que trabajan en el mercado irregular, sin contrato y sin acceso, consecuencialmente, a las prestaciones sociales y protección de sus derechos”, analizó Vergara.

A juicio de la abogada, se trata de una cuestión que en parte importante obedece a que la legislación de extranjería “establece serias cortapisas al ingreso y obtención de la visa respectiva”.

Asimismo, planteó que al mantenimiento de la situación de discriminación de los trabajadores extranjeros, contribuyen estereotipos y prejuicios sociales arraigados en la población nacional y conforme a los cuales estos trabajadores “son destinados preferentemente -con independencia de su nivel educacional- a los sectores de la producción menos calificados e incluso, más riesgosos.

La profesora Vergara acotó que los prejuicios y la discriminación se combaten no solo con reformas legales.

“Al ser cuestiones con fundamentos culturales es preciso emprender acciones sostenidas y planificadas en educación, información y sensibilización. Existen acciones gubernamentales, entre las que es destacable el accionar del Departamento de Extranjería y Migración, a este respecto, así como también iniciativas de los particulares”, añadió.

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